El emprendimiento social, tan en boga en los últimos años es para muchas personas el camino para liderar un gran conjunto de cambios que mejoren el mundo en el que vivimos. En él debe subyacer un equilibrio perfecto entre impacto social, imprescindible, y rentabilidad económica que asegure la sostenibilidad de la empresa. Y hoy en día son muchos los ejemplos que ilustran que “otro mundo está ocurriendo”, como diría la inspiradora familia de Road4World. Pero, ¿cuenta esta “nueva” forma de creación de valor social con el suficiente apoyo para protagonizar el cambio global deseado? ¿Cuál es el escenario actual, concretamente en España?
 
Desde el emprendimiento social y a través de la generación de ideas se puede dar solución a temas como la crisis humanitaria que afecta a las personas refugiadas, el acoso escolar, la violencia de género, la conflictividad en barrios de acción preferente, el desempleo juvenil… pero para que esto sea posible, es también esencial que las empresas reciban un apoyo y una protección, como la contemplada en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. A esta visión responde la Estrategia 2020 (puesta en marcha en el año 2010), desde la que el crecimiento se ha de fundamentar en tres ejes; ha de ser inteligente, sostenible e integrador.
 
La nueva visión económica europea, creada en su momento para responder a la crisis, contempla con nuevos ojos el emprendimiento social, y para impulsar un nuevo modelo económico que priorice los valores sociales apuesta por: mejorar el acceso a la financiación, la visibilidad de las empresas sociales, y el entorno jurídico. Todo esto no es algo que encuentra reflejo en suelo español, expertos y expertas, así como los últimos informes señalan que falta camino por recorrer.
 
¿Cuál es el ecosistema del emprendimiento social en España?
España ha avanzado en la creación de iniciativas sociales en los últimos años, pero todavía no está a la altura de otros países con economías impulsadas por la innovación. Concretamente la tasa que mide la actividad de iniciativas sociales en funcionamiento ronda el 1%, cuando la media mundial es del 3,7%, según señalan datos del último Informe Especial Global Entrepreneurship Monitor GEM.
 
Este mismo informe señala otros dos datos destacables. Por una parte, que solo el 0,7% de la población española tiene proyectos estables, esto a pesar de que una persona de cada cien comienza una iniciativa emprendedora al año.
Y por otra parte, respecto al perfil de persona emprendedora, este estudio destaca que la brecha de género en emprendimiento social es menos pronunciada que en el emprendimiento puramente comercial. Traducido en porcentajes, el escenario de la empresa social está habitado en España por un 55% de hombres y un 45% de mujeres. 
 
Si bien es cierto que las cifras hablan de un panorama prometedor, para fomentar las iniciativas sociales también en igualdad, la cultura emprendedora, y proteger al emprendedor/ra social son necesarias políticas de apoyo desde la Administración, todavía insuficientes, a pesar de intentos con destacables carencias, como la Ley de Emprendedores que vio la luz en 2013. Tras su aparición no tardaron en llegar las manifestaciones de que era una ley insuficiente. Tampoco ayuda el hecho de que a día de hoy en la legislación española no exista la figura de empresa social. 
 
En relación con los retos pendientes, desde la Fundación Cotec, que en su último informe anual introdujo un capítulo dedicado a la innovación y el emprendimiento social, señalan que los principales retos para dotar de apoyo suficiente el ámbito de la innovación y el emprendimiento social son: la financiación de procesos de consolidación de proyectos probados, la creación de alianzas estratégicas y el desarrollo de colaboraciones público-privadas-ciudadanas.
 
En definitiva, el emprendimiento social es un concepto casi imprescindible hoy en día. Y a través de múltiples y diversos ejemplos conocemos que es posible transformar el mundo a través de las ideas de manera ética, responsable y eficiente. Pero su consideración como vehículo para liderar el crecimiento económico y social todavía no se ha generalizado en España. Esperemos que más pronto que tarde sea una realidad. 

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