En el verano de 1962, la bióloga Rachel Carson lograba publicar en la revista New Yorker el primer capítulo de Silent Spring (Primavera Silenciosa). Si bien el texto se expresaba con un lenguaje ameno y muy pedagógico, contenía en realidad las conclusiones de una importante investigación de cuatro años sobre los efectos negativos de los pesticidas químicos (en especial, el DDT) sobre el medio ambiente. El pronóstico de Carson era un futuro sin pájaros, exterminados a raíz del progresivo envenenamiento del suelo y las lombrices. Aunque los ataques de la industria química fueron duros (llegaron a tachar a la autora de «histérica irresponsable»), también fueron inútiles: la idea de esta sombría «primavera silenciosa» tuvo un impacto enorme en la sociedad estadounidense, que ya no volvió a ser la misma. A partir de entonces la conciencia ambiental empezó a tenerse de verdad en cuenta y permitió el surgimiento del moderno movimiento ecologista. Rachel Carson murió de cáncer de mama en 1964. Seis años más tarde, en 1970, Estados Unidos creaba la Agencia de Protección Ambiental y el 22 de abril celebraba, por primera vez, el Día de la Tierra.
 
Este año se cumple el 45º aniversario de esta conmemoración y aunque la extinción total de aves que advirtió Carson de momento no parece probable, tampoco existe un claro compromiso de los gobiernos y las empresas por cuidar el planeta y la naturaleza (como demuestra esta paradójica noticia del 2012). En gran medida, esto es así porque la explotación constante y creciente de los recursos naturales que precisa la producción industrial hace difícil que las sociedades se pongan de acuerdo. Sin embargo, también surgen acciones de respuesta. Desde una perspectiva casi siempre crítica, la población ha venido manifestándose y proponiendo alternativas al derroche y la explotación voraz capitalista, con expresiones como el consumo colaborativo, la permacultura o el veganismo. En este sentido, los siguientes ocho emprendimientos sociales también son acciones de respuesta. En todos ellos se enfatiza la cooperación y la sostenibilidad, y subyace un replanteamiento acerca de nuestra relación con la Tierra, con el planeta, y también con la tierra, con nuestro suelo.
 
Árboles para siempre
 
La fundación Árboles para siempre, con sede en Huesca, nació con un claro objetivo: proteger y crear masas forestales autóctonas. Para ello se ocupan de repoblar de forma sostenible y coordinada terrenos abandonados o desaprovechados (muchas veces en posesión de los ayuntamientos) con la intención de enriquecer el medioambiente y el ecosistema. Se trata de un proyecto conservacionista, lo que significa que, aunque respetan los distintos usos de la madera, la plantación tiene como finalidad que la arboleda pueda vivir tanto como sea posible a partir de su ciclo vital natural. Es así que dentro de sus intereses no figuran aquellas especies de rápido crecimiento. Árboles para siempre se financia con aportes particulares y con la ayuda de las personas asociadas. Recientemente, han adquirido una finca de casi tres hectáreas en el municipio oscense de Alcubierre, la que quieren convertir no solo en un espacio forestal, sino también en un refugio para distintas especies de la fauna local (como el cernícalo primilla, un ave migratoria que llega a Europa en primavera), junto con la puesta en marcha de un aula de participación y educación medioambiental para las escuelas de la zona. 
 
Espigoladors
 
El espigolador («espigador» en catalán) era aquella persona, por lo general muy humilde, que recogía los granos y sobrantes que habían quedado diseminados tras la cosecha. Hoy en día esta práctica ya no existe como tal, sin embargo la empresa social Espigoladors se propuso recuperarla y transformarla en una actividad sostenible y viable. El trabajo que realizan consiste en recoger de forma coordinada las frutas y verduras que se descartan en las explotaciones hortícolas de la zona. Se calcula que en España se desechan al año casi ocho millones de toneladas de alimentos. Las organizaciones que colaboran en este proceso reciben a cambio un sello que certifica que pertenecen a una red de responsabilidad social. Una parte de estas frutas y verduras se dona a entidades sociales y otra se convierte en distintos productos alimenticios (salsas, zumos y mermeladas) que se comercializan bajo la marca «es im-perfect». El proyecto es sustentable y social, porque genera oportunidades para que colectivos en riesgo de exclusión puedan participar activamente y convertirlo en su medio de vida. Espigoladors también organiza charlas de concienciación medioambiental en escuelas e instituciones y campañas contra el despilfarro alimentario. 
 
Huertas donde sea
 
La permacultura es una propuesta de agricultura sostenible, ética y autosuficiente que fue planteada en los años 70 por dos ecologistas australianos. Consiste en diseñar ecosistemas productivos (huertos) que se integren de forma armónica con el entorno, el cual incluye viviendas y personas, y cuya duración sea la máxima posible con un mínimo de mantenimiento. Los espacios de este tipo buscan conservar la energía o producir más de la que consumen, tienen un altísimo respeto por el suelo y no producen desechos, porque reutilizan todos sus recursos. Ahora bien, ¿es esto posible en una sociedad de consumo? En Huertas donde sea (es evidente) opinan que sí. El objetivo de esta iniciativa nacida hace seis años en San José, capital de Costa Rica, es promover esta forma de agricultura (que también es una filosofía de vida) mediante talleres formativos, festivales o intervenciones artísticas, siendo el público preferente la población más joven. La idea no es solo divulgar los conocimientos necesarios para que cualquiera pueda construir huertos prácticamente en cualquier sitio (sí, incluso en pisos pequeños y sin balcón), sino también ayudar a reforzar la conciencia colaborativa y medioambiental y el aprecio por el bien común. El proyecto fue galardonado en noviembre del año pasado con el premio Yo Creo que otorga anualmente la Universidad Latina de Costa Rica. 
 
 
Ecoperia
 
Ecoperia es una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es construir iniciativas sociales, inclusivas y sostenibles en el ámbito del sector agroecológico y que constituyan una fuente laboral para personas en riesgo de exclusión social, por lo que colaboran con entidades como Cáritas o Accem. En 2013 llegaron a contratar a 60 personas, de las cuales el 80% estaba en clara vulnerabilidad social. Sus dos principales proyectos son «Semilla Verde», un taller de formación para jóvenes sobre técnicas y procedimientos de cultivo ecológico que incluye la comercialización de productos recolectados, y «Proyecto Esqueje», un emprendimiento social caracterizado por la prestación de servicios a empresas que apuesten por la producción sostenible y las energías renovables, en especial la generación de cultivos energéticos de biomasa. La asociación Ecoperia, que nació en León en el año 2010, está formada por jóvenes provenientes de distintas ramas disciplinarias cuya motivación es «equilibrar un poco esta sociedad». El año pasado recibieron la mención especial del jurado en los premios JES (Jóvenes Emprendedores Sociales) que otorga la Universidad Europea y el banco Santander.
 
Sylvestris
 
En España se han incendiado desde 2001 más de un millón y medio de hectáreas forestales (alrededor del 5% de la superficie verde total). Al drama ecológico se suma el problema de que la mayor parte de este terreno no se recupera, debido a la disminución de los recursos económicos dedicados y también a la falta de una planificación seria. La empresa social Sylvestris se constituye con el objetivo de enfrentar esta situación. Aparte de funcionar como consultoría especializada en medio ambiente y desarrollo rural sostenible, este proyecto madrileño apuesta por la regeneración de los bosques arrasados mediante la técnica de la siembra directa. Al contrario de la práctica habitual que consiste en utilizar especies de un año desarrolladas en viveros, Sylvestris se ocupa de diseminar semillas autóctonas, de rápido crecimiento y resistentes al cambio climático, lo que favorece la recuperación forestal y la acelera. Actualmente trabajan en la repoblación de unas 23 hectáreas de la sierra de Tivissa, en Tarragona, que se quemaron el pasado verano. Además, colaboran activamente con una fundación que trabaja por la inserción social y laboral de personas con discapacidad.
 
Huertos compartidos
 
Huertos compartidos es una plataforma virtual que pone en contacto a personas o entidades que disponen de terrenos con otras que buscan tierra para cultivar. ¿Y cómo funciona? Quienes tengan interés por esta propuesta no tienen más que apuntarse en la web del proyecto (que ya cuenta con más de cuatro mil registros), la cual se encarga de estudiar cada caso y confeccionar los contratos de cesión gratuita de terreno, cuya duración mínima es de un año. Eso sí: los huertos tienen que respetar criterios agroecológicos y la cosecha debe ser compartida entre quien cede la tierra y quien la trabaja.  Huertos compartidos, que tiene su sede en Madrid, también ofrece la modalidad de los «huertos tutelados», unos espacios de aprendizaje para iniciarse en el mundo de la horticultura ecológica, y los «huertos solidarios», que son terrenos privados que quieren cederse para que la población en riesgo de exclusión social pueda tener una actividad. Así, la propuesta busca fomentar la colaboración ciudadana y el interés por la horticultura ecológica «como paso necesario en la transición a un nuevo modelo de vida sostenible, mejorando así la calidad de los alimentos y la forma de alimentarnos». 
 
Huertos de Soria
 
«España vive una crisis que está cuarteando el Estado de Bienestar y ahondando en las desigualdades sociales. Como consecuencia de ello, cada vez son más las personas que pueden quedar excluidas del mercado laboral». Así se presenta Huertos de Soria, un emprendimiento social que, a través del cultivo hortofrutícola y la comercialización de los excedentes transformados en conservas, busca fomentar la integración de personas con diversidad funcional y en riesgo de exclusión social cualificándolas y dándoles la oportunidad de obtener un puesto de trabajo estable. El proceso recupera los métodos tradicionales de cultivo y revitaliza las huertas abandonadas en el entorno de los núcleos urbanos. Huertos de Soria, proyecto colaborativo entre Cives Mundi, una ONG dedicada a la cooperación al desarrollo, y la Fundación de Ayuda al Discapacitado y Enfermo Psíquico de Soria (FADESS), recibió en agosto del año pasado el certificado del Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León que acredita que el proyecto es agroecológico y, recientemente, fue tomado como ejemplo en un reporte de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (AEVM) sobre la viabilidad de los emprendimientos sociales. 
 
 
Red Calea
 
Red Calea es una empresa social ubicada en Cáceres y fundada en 2006 que tiene por misión el impulso y desarrollo de la agroecología en el medio rural. La agroecología es una disciplina nacida en los años 70 que tiene como objetivo estudiar los elementos y procesos que regulan los sistemas agrarios con el fin de establecer nuevas bases científicas para una gestión en armonía con el ambiente. Como explican en uno de los varios manuales que han editado sobre este campo, el proyecto está «a favor de las tendencias que marcan la coyuntura actual: cuidado del medio ambiente, apuesta por la economía social basada en unas relaciones comerciales justas y la garantía de la calidad de los servicios». La actividad de Red Calea es muy abarcativa y se reparte entre la producción de alimentos ecológicos y comercialización a través de un servicio web dedicado (www.larecolecta.com); la formación y asesoramiento, sobre todo para aquellas personas que quieren efectuar la transición hacia una agricultura ecológica; la cooperación internacional, en especial con entidades sociales de países de América Latina y África que no disponen de los conocimientos adecuados sobre esta materia; y el área de ingeniería, donde desarrollan distintas soluciones para las empresas y los municipios. 
 

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